La Vega – Santo Domingo | República Dominicana
La Policía Nacional arrestó en la provincia de La Vega a un hombre acusado de acoso digital y envío de contenido sexual a una menor de 13 años, cuya identidad se mantiene bajo reserva por razones legales.
El detenido fue identificado como Carlos Eduardo Gil Jiménez, arrestado mediante la Orden No. RAJ-2026-00758 por miembros del Departamento de Investigación de Trata y Tráfico de Personas, en coordinación con el Ministerio Público.
Según el informe oficial, sobre el imputado pesaba una orden judicial emitida el 22 de enero de 2026 por el Despacho Judicial Penal de Santo Domingo, por presunta violación a los artículos 12, 14 y 396 de la Ley 136-03 (Código para la Protección de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes) y al artículo 355 del Código Penal Dominicano.
La captura se produjo en una estación de combustible en La Vega, donde presuntamente el acusado había coordinado un encuentro con la menor, lo que, según las autoridades, evidenciaría la continuidad del acoso.
La investigación inició el 13 de enero de 2026, tras la denuncia presentada por la madre de la adolescente, quien alertó sobre comunicaciones inapropiadas a través de redes sociales. De acuerdo con las pesquisas, la menor fue contactada mediante un perfil falso en Instagram y luego recibió mensajes insistentes vía WhatsApp, incluyendo material audiovisual de carácter sexual, incluso después de que el imputado conociera su edad.
Las evidencias digitales recopiladas establecen indicios suficientes de responsabilidad penal, por lo que el detenido será puesto a disposición del Ministerio Público para los procedimientos correspondientes.
🧭 La noticia detrás de la noticia
En Mirador Web sostenemos que el verdadero problema no es solo el individuo detenido. El fenómeno es más profundo: el anonimato digital ha creado una falsa sensación de impunidad para quienes buscan vulnerar a menores.
Las redes sociales, diseñadas para conectar, también se han convertido en territorio fértil para el acecho. Perfiles falsos, mensajes privados y plataformas de mensajería cifrada permiten que adultos se infiltren en la vida de adolescentes con una facilidad alarmante.
Este caso deja tres lecciones urgentes:
La vigilancia parental ya no es opcional.
La educación digital debe ser tan importante como la educación académica.
La denuncia temprana salva.
La acción de la madre permitió activar el aparato investigativo antes de que ocurriera un daño mayor.
La ley existe, pero debe aplicarse con firmeza.
Las penas deben ser ejemplarizantes para enviar un mensaje claro: en República Dominicana, tocar a un menor —aunque sea a través de una pantalla— tiene consecuencias.
En tiempos donde muchos trivializan el contenido sexual en redes, casos como este nos recuerdan que la hipersexualización digital no es un juego cultural: es la puerta de entrada para depredadores.
La tecnología no es el enemigo. La indiferencia sí.
Mirador Web
La noticia detrás de la noticia.



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