📰 La noticia detrás de la noticia
San Pedro de Macorís, R.D.– La noche del domingo volvió a teñirse de luto en el municipio.
Aproximadamente a las 8:00 p.m., un joven perdió la vida tras resultar gravemente herido en un accidente de tránsito ocurrido en la calle José Rojas, sector La Barca.
La víctima fue identificada como Emilio José Muñoz, conocido como “Engel”, de 28 años, residente en el sector Barrio México.
Según informaciones preliminares, el joven se desplazaba en una motocicleta tipo pasola cuando fue impactado de frente por una guagua que presuntamente intentaba rebasar otro vehículo.
Sin embargo, versiones de testigos indican que no se trató de un simple rebase imprudente.
Se trataba de una competencia.
La carrera por el pasajero
De acuerdo con relatos en el lugar, choferes de sendas guaguas del transporte urbano estarían compitiendo por conseguir pasajeros, una práctica que históricamente ha sido señalada en San Pedro de Macorís como causa recurrente de accidentes fatales.
La lógica es simple y peligrosa:
El primero que llega, recoge más pasajeros.
El segundo intenta alcanzar.
Ambos aceleran.
El resto de la vía deja de importar.
En esa ecuación, la vida de terceros se convierte en daño colateral.
Un problema viejo que nadie corrige
En toda la historia del transporte urbano local, las competencias de velocidad entre guaguas han sido un dolor de cabeza para la ciudadanía.
No es un fenómeno nuevo.
No es un caso aislado.
No es sorpresa.
Se ha llamado la atención en múltiples ocasiones a los directivos del transporte para que regulen las salidas y eviten que dos unidades circulen casi juntas, situación que origina estas carreras temerarias.
Una propuesta reiterada ha sido establecer intervalos de salida de al menos 25 minutos entre guaguas, precisamente para evitar que la segunda alcance a la primera y se desate la competencia.
Pero la práctica persiste.
¿Quién controla el desorden?
El vehículo involucrado se encuentra retenido en el destacamento de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT), mientras las autoridades realizan las investigaciones correspondientes. Hasta el momento, no se ha informado oficialmente si el conductor fue detenido.
Sin embargo, más allá de la responsabilidad individual, hay una responsabilidad estructural:
Los sindicatos.
Los coordinadores de rutas.
Las autoridades fiscalizadoras.
Y el silencio colectivo ante lo que “siempre ha sido así”.
La noticia detrás de la noticia
No fue solo un accidente.
Fue el resultado de un modelo de transporte donde la competencia reemplaza la regulación.
Mientras el sistema premie al que llegue primero y no al que conduzca seguro, la tragedia seguirá teniendo dirección fija.
San Pedro no necesita más explicaciones después de cada muerte.
Necesita decisiones antes de la próxima.
Porque cuando competir por pasajeros vale más que respetar la vida, el problema no es la velocidad.
Es la cultura que la permite.


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