Frente a la cámara, un joven de 26 años evita la mirada fija, pero responde con rapidez a las preguntas de las autoridades haitianas. “Soy de Sabana de la Mar”, dice con aparente seguridad. Se identifica como Jeffry Almonte Martínez.
Pero esa afirmación no es una referencia geográfica: es una coartada verbal. Un intento de reescribir su identidad y borrar el rastro de un hecho violento ocurrido en el sur de la República Dominicana, específicamente en Baní, donde está señalado por la muerte de una persona.
La escena no es solo la confirmación de que sigue con vida. Es también la evidencia de una huida, de una frontera cruzada no para empezar de nuevo, sino para escapar de un pasado que lo persigue.
Mientras en territorio dominicano su nombre circuló entre rumores, versiones encontradas e incluso especulaciones sobre su paradero, en Haití aparece ahora como lo que siempre fue: un prófugo tratando de ganar tiempo con palabras.


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