San Francisco de Macorís.–
Una adolescente de apenas 14 años fue asesinada a tiros la noche del miércoles en el sector Taina, en un hecho que estremece por su brutalidad y por el lazo de sangre entre víctima y victimaria. Aneisy Ceballos de Jesús murió tras recibir múltiples disparos presuntamente a manos de su propia hermana, Akeisy Valerio de Jesús, quien permanece prófuga.
En el mismo suceso resultó herido de bala el cuñado de la víctima, trasladado de urgencia a un centro de salud. Las autoridades realizaron el levantamiento del cadáver y recolectaron evidencias, mientras el Ministerio Público y la Policía Nacional continúan las investigaciones sin que, hasta ahora, se haya establecido oficialmente el móvil del crimen.
No fue un accidente: fue un fracaso
Este hecho no puede reducirse a una estadística más ni a un titular pasajero. Una menor murió dentro de su propio entorno familiar, lo que evidencia un fracaso colectivo: de la familia, de la comunidad y de un Estado que reacciona tarde, cuando ya la tragedia está consumada.
No basta con buscar al responsable después del disparo. La pregunta incómoda es otra: ¿quién falló antes? ¿Quién ignoró las señales? ¿Quién normalizó la violencia hasta que se volvió rutina?
Armas, silencio y descomposición
La facilidad con la que circulan las armas, la falta de control emocional, el silencio cómplice y la pérdida de valores están cobrando vidas jóvenes. Hoy fue una adolescente; mañana puede ser cualquier hijo, hermano o vecino.
La violencia no es un fenómeno espontáneo: se aprende, se tolera y se justifica hasta que se sale de control.
Es tiempo de revisarnos, sin excusas
Como sociedad, no podemos seguir lamentándonos cada vez que un menor muere violentamente y luego continuar igual. Es urgente revisarnos, asumir responsabilidades y volver a principios que sostienen la vida y la convivencia.
Volver a Dios no es un eslogan: es reconocer que sin valores, sin límites y sin respeto por la vida humana, el resultado es este —hogares destruidos y futuros enterrados.
Mirador Web no se limitará a narrar la sangre derramada. Dará seguimiento y seguirá señalando las causas profundas de una violencia que ya no distingue edades ni apellidos.🧐


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