La noticia detrás de la noticia: cuando la violencia se normaliza hasta matar
Consuelo.– El feminicidio seguido de suicidio ocurrido este martes no es un hecho aislado ni un estallido imprevisible. Es el último eslabón de una cadena de señales ignoradas, silencios tolerados y una violencia que, cuando no se enfrenta a tiempo, termina cobrando vidas.
La mujer asesinada no murió solo por la acción de su expareja. Murió también en un contexto donde los conflictos de pareja suelen minimizarse, donde las amenazas se interpretan como “problemas privados” y donde la intervención llega siempre después, cuando ya no hay nada que salvar.
Que el agresor se haya quitado la vida no cierra el caso. Por el contrario, lo agrava. Porque impide respuestas judiciales, deja preguntas sin contestar y convierte el crimen en un punto final falso que suele utilizarse para archivar responsabilidades sociales e institucionales.
En Consuelo —como en tantos otros pueblos— todos “sabían algo”, pero nadie sabía lo suficiente como para actuar. Esa es la trampa de la normalización: la violencia avanza sin ruido hasta que estalla, y entonces sorprende a todos, menos a quienes la padecieron.
La tragedia no termina con dos cuerpos levantados por las autoridades. Continúa en una comunidad que vuelve a preguntarse qué falló, qué se pudo hacer antes y por qué siempre se llega tarde.
La noticia no es solo que un hombre mató y luego se suicidó.
La noticia real es que seguimos reaccionando cuando ya no queda nadie a quien proteger.


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