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lunes, 22 de junio de 2026

EDITORIAL | No subestimen el fenómeno Alofoke

Por Frank Sánchez de Mirador web 🧐

Cuando se analiza la República Dominicana de hoy hay un dato que muchos observan poco: el grueso poblacional del país está concentrado en edades jóvenes y adultas jóvenes, especialmente entre los 20 y 39 años. Ese segmento no solo consume más internet; también está redefiniendo quién tiene influencia, quién marca agenda y quién logra conexión emocional.


En ese escenario aparece Santiago Matías, conocido como Alofoke.


Su alcance digital —que ronda millones de seguidores entre sus principales plataformas sociales— no es un dato menor; es una señal de capacidad de atención acumulada durante años. Más allá de simpatías o críticas, logró algo que durante décadas parecía reservado a grandes grupos mediáticos: construir una comunidad propia, con lenguaje propio y sin depender completamente de la televisión tradicional.


Sus realities y transmisiones han abierto una discusión incómoda para medios tradicionales: ya no siempre gana quien tiene la antena más grande, sino quien logra conversación permanente. Proyectos recientes de Alofoke fueron concebidos y defendidos con apuesta digital directa, incluso en momentos donde surgieron versiones sobre alianzas o rutas televisivas internacionales que finalmente no avanzaron como algunos esperaban.


También hay señales que algunos interpretan como reconocimiento de influencia pública: reuniones con figuras internacionales, presencia constante en debates nacionales y una audiencia que responde a convocatorias digitales con intensidad.


Ahora bien, una pregunta distinta es si influencia equivale automáticamente a votos.


La historia política enseña que notoriedad no siempre se traduce en estructura electoral. Una elección exige organización territorial, alianzas, propuesta de gobierno y capacidad de convertir seguidores en electores. Pero también sería un error pensar que el viejo modelo político conserva intacto el monopolio de la conexión emocional.


Muchos jóvenes sienten distancia con discursos tradicionales y buscan voces que perciban más cercanas a su realidad, su lenguaje y su experiencia social. Ahí es donde Alofoke encuentra parte de su fuerza narrativa: proyecta la idea de alguien que vino desde abajo, enfrentó rechazo y construyó poder fuera de los caminos convencionales.


Maquiavelo escribió que quien aspira a gobernar necesita comprender al pueblo.


La pregunta abierta no es si Santiago Matías piensa entrar de lleno a la política.


La pregunta es si la política dominicana ya entendió que una parte importante del pueblo dejó de reunirse primero frente al televisor y ahora se reúne frente al teléfono.

Subestimar ese cambio puede ser un error



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