En una banca de lotería de Bayahíbe, un hombre perdió la vida de forma repentina.
Se llamaba Máximo Emilio Beras Girón, tenía 55 años y, según los reportes, sufrió un presunto infarto mientras intentaba jugar unos números.
Había llegado desde El Seibo.
Quizás con la esperanza de mejorar su situación… como tantos dominicanos que ven en el azar una salida rápida a una realidad difícil.
Pero la historia no es el juego.
Es el contexto.
Porque detrás de cada jugada hay una expectativa, una necesidad, una presión silenciosa.
Y cuando la vida se vuelve una apuesta constante, el cuerpo también pasa factura.
No se trata de juzgar.
Se trata de entender.
La tragedia no ocurrió en una banca…
ocurrió en una sociedad donde la esperanza muchas veces depende de un número.


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