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sábado, 14 de febrero de 2026

Le llevó flores… y le arrebató la vida en su propia casa

 



La noticia detrás de la noticia

La tarde del viernes trece de febrero, en el barrio Los Ángeles II, suroccidente de Barranquilla, la violencia volvió a tocar una puerta con disfraz de detalle romántico.

Yainis Paola Contreras Acosta, de veintidós años, salió confiada a recibir unas flores entregadas por un supuesto mensajero en motocicleta. Minutos después, el sonido de las detonaciones rompió la rutina del vecindario. Fue trasladada de urgencia a un centro de salud, pero no sobrevivió.

La escena es brutal no solo por el crimen, sino por el símbolo: flores como anzuelo, confianza como arma, hogar como escenario.

La violencia que se disfraza

Este hecho revela un patrón cada vez más preocupante: la instrumentalización de oficios cotidianos —domiciliarios, mensajeros, repartidores— para ejecutar ataques. Cuando el crimen se disfraza de normalidad, erosiona algo más profundo que la seguridad física: destruye la confianza social.

Cada puerta que se abre con miedo es una sociedad que se encierra.

Carnaval y contradicción

Mientras la ciudad vibra con la energía previa al Carnaval de Barranquilla, una familia queda sumida en luto. La contradicción es dolorosa: tambores en las calles, silencio en una casa.

La violencia no hace pausa por temporada festiva. Y esa es otra señal de alarma.

Más que un caso aislado

Reducir esta tragedia a un expediente judicial sería insuficiente. Hay preguntas que trascienden lo penal:

¿Qué tan vulnerables son los barrios populares frente a estructuras criminales?

¿Existe prevención real o solo reacción posterior?

¿Estamos normalizando que la muerte toque a cualquier hora y bajo cualquier excusa?

Las autoridades investigan, como corresponde. Pero la reflexión no puede esperar el resultado de un informe.

Seguridad y comunidad

La seguridad no es solo patrullaje; es inteligencia, prevención y reconstrucción de tejido social. Cuando un barrio guarda luto, no solo llora una familia: se debilita la sensación colectiva de protección.

Hoy, Los Ángeles II no solo despide a una joven de veintidós años. Despide una parte de su tranquilidad.

Y la ciudad entera debería preguntarse:

¿Hasta cuándo la violencia seguirá entrando por la puerta principal? 🕊️

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