La noticia detrás de la noticia
La tarde del viernes trece de febrero, en el barrio Los Ángeles II, suroccidente de Barranquilla, la violencia volvió a tocar una puerta con disfraz de detalle romántico.
Yainis Paola Contreras Acosta, de veintidós años, salió confiada a recibir unas flores entregadas por un supuesto mensajero en motocicleta. Minutos después, el sonido de las detonaciones rompió la rutina del vecindario. Fue trasladada de urgencia a un centro de salud, pero no sobrevivió.
La escena es brutal no solo por el crimen, sino por el símbolo: flores como anzuelo, confianza como arma, hogar como escenario.
La violencia que se disfraza
Este hecho revela un patrón cada vez más preocupante: la instrumentalización de oficios cotidianos —domiciliarios, mensajeros, repartidores— para ejecutar ataques. Cuando el crimen se disfraza de normalidad, erosiona algo más profundo que la seguridad física: destruye la confianza social.
Cada puerta que se abre con miedo es una sociedad que se encierra.
Carnaval y contradicción
Mientras la ciudad vibra con la energía previa al Carnaval de Barranquilla, una familia queda sumida en luto. La contradicción es dolorosa: tambores en las calles, silencio en una casa.
La violencia no hace pausa por temporada festiva. Y esa es otra señal de alarma.
Más que un caso aislado
Reducir esta tragedia a un expediente judicial sería insuficiente. Hay preguntas que trascienden lo penal:
¿Qué tan vulnerables son los barrios populares frente a estructuras criminales?
¿Existe prevención real o solo reacción posterior?
¿Estamos normalizando que la muerte toque a cualquier hora y bajo cualquier excusa?
Las autoridades investigan, como corresponde. Pero la reflexión no puede esperar el resultado de un informe.
Seguridad y comunidad
La seguridad no es solo patrullaje; es inteligencia, prevención y reconstrucción de tejido social. Cuando un barrio guarda luto, no solo llora una familia: se debilita la sensación colectiva de protección.
Hoy, Los Ángeles II no solo despide a una joven de veintidós años. Despide una parte de su tranquilidad.
Y la ciudad entera debería preguntarse:
¿Hasta cuándo la violencia seguirá entrando por la puerta principal? 🕊️

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