Editorial | Mirador Web
La historia vuelve a repetirse, aunque esta vez con un aire de ironía amarga. Según The New York Times, unas 40 personas habrían muerto durante una operación militar atribuida a Estados Unidos en Venezuela, descrita por Washington como una misión “discreta y precisa”. La cifra, aún no confirmada oficialmente por el gobierno venezolano, recuerda inevitablemente al viejo relato de Alí Babá y los 40, solo que aquí no se trata de un cuento, sino de vidas humanas.
Cada vez que una potencia militar habla de operaciones “quirúrgicas”, la experiencia histórica obliga a desconfiar. Irak, Libia, Afganistán y Siria son ejemplos recientes de cómo la supuesta precisión termina traduciéndose en muertos civiles, Estados fragmentados y recursos estratégicos fuera del control de sus pueblos. La narrativa cambia, los escenarios también, pero el resultado suele ser el mismo.
En este caso, el silencio oficial resulta tan inquietante como la denuncia. Ni cifras claras, ni responsabilidades asumidas, ni explicaciones públicas. Solo versiones filtradas, fuentes anónimas y un discurso de “misión exitosa” que contrasta con el posible saldo humano. Cuando la información se administra a cuentagotas, la verdad suele ser la primera víctima.
No se trata de defender gobiernos ni liderazgos cuestionados. Tampoco de justificar abusos de poder internos. Pero una cosa es la crítica legítima y otra muy distinta es normalizar intervenciones extranjeras bajo el pretexto de “restablecer el orden”. La historia demuestra que las potencias no intervienen por altruismo, sino por intereses estratégicos, políticos o económicos.
Si la cifra de “los 40” termina confirmándose, no será un detalle menor ni una coincidencia literaria. Será una advertencia más de que las guerras modernas se maquillan con palabras elegantes, mientras los pueblos pagan el precio real. Y como siempre, cuando el humo se disipa, quienes ejecutaron la operación ya se han ido, dejando atrás muertos, miedo y más preguntas que respuestas.
Porque al final, cuando la libertad llega en forma de operación militar extranjera, rara vez trae justicia. Casi siempre deja ruinas… y silencio.

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