Entre 1977 y 1980, en Johannesburgo, Sudáfrica, el capitán de policía André Stander llevó una doble vida tan audaz como insólita: mientras trabajaba en el Departamento de Investigación Criminal, aprovechaba su hora de almuerzo para asaltar bancos y luego regresaba al cuartel para participar en las pesquisas de esos mismos robos.
Su conocimiento de los protocolos le permitió engañar por un tiempo a colegas y autoridades, ganando fama tanto en el hampa como dentro de la fuerza.
Sin embargo, el juego terminó cuando fue capturado y encarcelado. Tras una fuga posterior, continuó delinquiendo, hasta que en 1984 fue abatido por la policía en Florida, Estados Unidos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario