Opinión | Frank Sánchez
Mirador Web
Julio Iglesias no vivió otros escándalos en República Dominicana mucho antes no porque no existieran rumores o inconformidades, sino porque era una figura emblemática utilizada para proyectar imagen y atraer turismo. En ese contexto, el sistema lo protegía.
Cuando solo existían los medios radio-electrónicos tradicionales, para un hijo de machepa querellarse y lograr que medios poderosos se hicieran eco era como tirar piedras a la luna. No había equilibrio, ni acceso, ni plataformas donde la versión del débil pudiera competir con la del poderoso.
La protección no siempre era explícita; muchas veces fue silente, cómoda y funcional. En aquella época no hacía daño quien quería, sino quien podía.
Eso cambió con la llegada de las redes sociales. La narrativa dejó de ser patrimonio exclusivo de grandes intereses y figuras intocables. Hoy, lo que antes se quedaba en murmullos puede convertirse en conversación pública.
No se trata de condenar sin pruebas ni de idealizar el pasado, sino de entender que el silencio de ayer no siempre fue inocente, y que el ruido de hoy es, en parte, una corrección histórica.
Mirador web

No hay comentarios:
Publicar un comentario