Hace menos de dos semanas, el presidente Luis Abinader se paró frente a las tropas en la frontera y les habló de patria, deber y compromiso. Les pidió firmeza ante el creciente flujo de migración ilegal desde HaitÃ. Fue un discurso cargado de simbolismo, una especie de llamado al honor militar.
Pero apenas trece dÃas después, ese mensaje parece haberse diluido en la práctica: dos miembros del Ejército dominicano fueron arrestados, señalados por colaborar precisamente con lo que se les pidió detener. Según las investigaciones iniciales, estarÃan involucrados en el traslado clandestino de haitianos indocumentados, facilitando su paso hacia el interior del paÃs.
El contraste es duro. Mientras el Gobierno insiste en una polÃtica migratoria más estricta y una defensa activa de la frontera, el caso revela grietas dentro de las propias filas militares. Las autoridades ya investigan el hecho, y se espera una respuesta contundente si se comprueba la complicidad.
La ironÃa es clara: los mismos hombres llamados a proteger la frontera, habrÃan sido quienes la traicionaron por intereses personales. Un recordatorio de que no solo se necesitan discursos, sino también vigilancia interna y consecuencias reales.


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