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domingo, 14 de junio de 2026

José Rafael Sosa define a Cesáreo Silvestre como un “Quijote cultural” en el prólogo de su nuevo libro


Santo Domingo, República Dominicana. El reconocido periodista, escritor, crítico de cine y gestor cultural José Rafael Sosa ha ofrecido una significativa valoración sobre la trayectoria intelectual y cultural de Cesáreo Silvestre Peguero en el prólogo de la obra El documental como memoria y voz, libro que será puesto en circulación el próximo viernes 17 de julio de 2026, a las 6:00 de la tarde, en la Sala Aída Cartagena Portalatín de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña.


En un extenso ensayo titulado La urgencia de la memoria, Sosa destaca la importancia del documental como herramienta para preservar la historia, rescatar las voces de los pueblos y fortalecer la conciencia colectiva de las naciones.


Al referirse al autor de la obra, José Rafael Sosa resalta que Cesáreo Silvestre Peguero ha desarrollado una trayectoria de más de tres décadas caracterizada por el compromiso con la memoria social, la dignidad humana y la preservación histórica de las comunidades.


El prologuista subraya además la labor realizada por Silvestre desde San Pedro de Macorís, destacando su papel como periodista, escritor, productor documental y promotor cultural. Según expresa, su trabajo ha estado orientado a rescatar testimonios, documentar experiencias humanas y preservar acontecimientos que forman parte del patrimonio histórico y social de la República Dominicana.


En el texto, Sosa reconoce también los aportes de Cesáreo Silvestre a través de iniciativas como el periódico El Informe del Este, la productora audiovisual Documentales Reales S.A. y la Fundación Periodismo con Sentido, instituciones creadas con el propósito de fortalecer la comunicación responsable, la memoria histórica y la promoción cultural.


Respecto a la obra, José Rafael Sosa considera que El documental como memoria y voz llena un vacío importante dentro de la bibliografía cultural dominicana y caribeña, al presentar una reflexión profunda sobre el valor del cine documental como instrumento de preservación histórica y conciencia social.


A juicio del destacado crítico cinematográfico, el libro constituye un aporte significativo al estudio y desarrollo del documental dominicano y un reconocimiento al legado de figuras fundamentales del cine nacional, entre ellas René Fortunato, cuya trayectoria ocupa un lugar central dentro de la investigación desarrollada por el autor.


Uno de los conceptos más relevantes expresados en el prólogo señala que “la cámara no solo registra la luz, sino que captura el alma y la conciencia de una época”, definición que resume la visión del documental como vehículo de memoria y herramienta para combatir el olvido colectivo.


De igual manera, José Rafael Sosa destaca que la labor desarrollada por Cesáreo Silvestre Peguero adquiere un valor especial por haber sido realizada desde San Pedro de Macorís, lejos de la urbe capitalina y de los principales escenarios donde tradicionalmente se concentra la actividad cultural del país. A su juicio, esta trayectoria demuestra que el compromiso con la memoria histórica, la investigación y la cultura puede trascender las fronteras geográficas y generar aportes significativos para toda la nación.


La valoración culmina con una de las expresiones más emotivas del texto, cuando José Rafael Sosa define a Cesáreo Silvestre Peguero como un “Quijote cultural solitario y provinciano”, destacando su perseverancia, su vocación de servicio y su compromiso con la preservación de la memoria histórica desde las provincias del país.


La puesta en circulación de la obra tendrá además un profundo significado cultural al estar dedicada a la memoria del destacado cineasta dominicano René Fortunato, al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento. Como parte del programa serán presentadas dos canciones escritas por Cesáreo Silvestre Peguero en homenaje al reconocido documentalista, mientras que el cantautor Félix Ramírez Sepúlveda interpretará, acompañado de su guitarra, una composición dedicada a quien es considerado uno de los más importantes realizadores cinematográficos de la República Dominicana.


La actividad reunirá a personalidades de la cultura, el cine, la literatura, la comunicación y la academia, en una jornada de reflexión sobre la importancia del documental como instrumento de investigación, educación, preservación histórica y construcción de memoria colectiva.


La obra El documental como memoria y voz se proyecta como una contribución relevante al pensamiento cinematográfico dominicano y un reconocimiento al papel que desempeña el documental en la construcción de la identidad, la memoria y la conciencia de los pueblos.


Por la profundidad de sus reflexiones sobre el cine documental, la memoria histórica y la trayectoria de su autor, recomendamos la lectura íntegra del prólogo escrito por José Rafael Sosa, considerado una de las voces más autorizadas de la crítica cinematográfica y la gestión cultural dominicana.


A continuación, presentamos el texto completo del prólogo de la obra El documental como memoria y voz.



PRÓLOGO

La urgencia de la memoria


Este libro corresponde a un acto del autor de agradecimiento a la vida, a quienes le procrearon, a quienes le formaron y a quienes han prestado apoyo a los proyectos que encamina. El autor cree que la historia de los pueblos no se escribe únicamente con los decretos oficiales de los gobiernos ni con las frías actas que reposan en los archivos estatales. 

Se escribe, fundamentalmente, en la vibración de sus voces colectivas, en los pliegues de sus dolores compartidos y en los destellos de sus gestas anónimas. 

Sin embargo, el tiempo es un enemigo voraz. Frente a la erosión del olvido y la tentación institucional de reescribir el pasado, surge el cine de realidad no como un mero ejercicio de entretenimiento, sino como un acto de pura resistencia.

El libro que el lector sostiene entre sus manos, inteligentemente titulado El Documental como memoria y voz, viene a llenar un vacío teórico y crítico fundamental en la bibliografía cultural caribeña. 

Su tesis central es tan transparente como urgente: el género documental es, en sí mismo, un resguardo ético y estético; una trinchera cinematográfica donde la verdad histórica encuentra un refugio contra la amnesia colectiva. A través de sus páginas, el autor nos recuerda que la cámara no solo registra la luz, sino que captura el alma y la conciencia de una época.

Para la República Dominicana, esta reflexión no es un lujo académico; es una necesidad de primer orden. 

Nuestra cinematografía, nacida al amparo de las primeras décadas del siglo XX, encontró muy temprano en el registro de lo real su primera razón de ser. Antes de que el cine de ficción lograra establecer una industria, el país ya sentía la pulsión de filmar su propia verdad. 

Pensar en los cimientos de nuestra memoria fílmica obliga a convocar nombres imprescindibles que, mucho antes de la explosión contemporánea de los años ochenta, arriesgaron recursos y talento para legarnos un testimonio visual de la nación.

Desde los trabajos fundacionales de pioneros como Francisco Arturo Palau, pasando por los noticieros e incipientes registros de mediados de siglo, la verdadera madurez del cine de no-ficción comenzó a fraguarse en la post-guerra y los convulsos años sesenta y setenta. Es imperativo rescatar la labor de cineastas de la talla de 

Max Pou, cuyas cámaras capturaron momentos cruciales de la transición democrática; el invaluable aporte de 

Eduardo Palmer, quien documentó con precisión periodística los frentes de la Revolución de Abril de 1965; o el compromiso militante e intelectual de figuras como Silvano Lora y los colectivos cinematográficos que entendieron el contra-documental como un arma de denuncia social y política frente a la represión de la época. Ellos sembraron la semilla de un cine con conciencia, demostrando que la imagen filmada era un documento social inalienable.

Es sobre este suelo fértil donde la figura de René Fortunato emerge con un peso específico e indiscutible. Fortunato no solo recoge esa antorcha, sino que se convierte en el gran arqueólogo visual de la contemporaneidad dominicana. Con una tenacidad de orfebre, transformó el celuloide en una herramienta de desmitificación histórica. 

Sus obras capitales —desde la emblemática Abril: La trinchera del honor, pasando por la monumental trilogía sobre El poder del jefe, hasta sus agudas disecciones sobre los doce años de Joaquín Balaguer— marcaron un hito definitivo. 

Al rescatar del polvo y el silencio los archivos fílmicos nacionales y extranjeros, Fortunato le devolvió al pueblo dominicano los rostros, los discursos y las verdades que el poder pretendía clausurar. Su obra demostró que el documental, cuando está guiado por el rigor, deja de ser un archivo pasivo para transformarse en una fuerza viva y movilizadora de la conciencia pública.

El gran acierto de este volumen estriba en su capacidad para articular este complejo mapa histórico con una sólida armadura conceptual, y es aquí donde relumbra la impronta de su autor. Cesáreo Silvestre Peguero no aborda este análisis desde la distancia fría del espectador fortuito. Lo hace con la sensibilidad, el temperamento y la hondura que caracterizan su condición de ser, por derecho propio, el más destacado gestor cultural de su natal provincia de San Pedro de Macorís.

Desde esa mítica tierra de poetas, peloteros y cañaverales —región que históricamente ha insuflado vanguardia y letras a la identidad nacional—, Cesáreo Silvestre ha levantado una labor encomiable de animación, rescate y defensa de nuestras manifestaciones artísticas. 

Su arraigo en las tradiciones macorisanas y su visión cosmopolita de la cultura le permiten entender el cine no como un fenómeno aislado, sino como la extensión natural de la literatura y la memoria de un pueblo.

Su fascinación e interés por el género cinematográfico documental se traducen en estas páginas en una prosa lúcida, pulcra y apasionada. Pero más allá de su agudeza teórica, lo que verdaderamente ennoblece esta obra es la profunda generosidad intelectual de su autor. 

En un medio cultural donde a veces impera el recelo, Cesáreo Silvestre se desprende de cualquier protagonismo para volcar sus mejores adjetivos, su respeto y un riguroso reconocimiento a la trascendental labor de René Fortunato. 

Al situar la obra de Fortunato en la cúspide del análisis, el autor da una lección de humildad crítica y patriotismo cultural, entendiendo que hacer justicia a los grandes documentalistas es, en última instancia, hacer justicia a la historia misma de la República Dominicana.

Entregar a la luz pública un volumen de la dimensión de Documental como memoria y voz es un acto de desprendimiento que merece el más alto encomio de las letras y la intelectualidad contemporánea. 

¿Quién es el autor?

Cesáreo Silvestre Peguero es un periodista, escritor y productor documental dominicano que ha dedicado su vida a una comunicación comprometida con la memoria social, la dignidad humana y la preservación histórica de las comunidades. Su trayectoria, desarrollada durante más de tres décadas, se ha caracterizado por la ética profesional, la sensibilidad social y una visión del periodismo que trasciende la simple difusión de noticias para convertirse en una herramienta de orientación, reflexión y conciencia colectiva.

Cree que el periodismo siempre ha estado vinculado a la convicción de que la sociedad no debe limitarse únicamente a recibir información, sino también tener voz dentro del debate público. 

Fundó el periódico El Informe del Este el 8 de julio del año 2000. 

En el año 2012 puso en circulación su primer libro, Periodismo Con Sentido, obra centrada en la responsabilidad ética y social de la comunicación. 

Ese mismo período dio origen a Documentales Reales S.A., promotora audiovisual orientada a preservar la memoria histórica, rescatar testimonios sociales y documentar experiencias humanas que muchas veces quedan fuera de los grandes escenarios mediáticos y preside la Fundación Periodismo con Sentido, entidad dedicada a promover la ética informativa y la formación responsable de los comunicadores.

En tiempos en los cuales la inmediatez efímera de las redes digitales amenaza con disolver nuestra capacidad de contemplación y juicio crítico, el esfuerzo de Cesáreo Silvestre se erige como un faro de rigor y lucidez desde el Este del país para toda la nación. 

Este libro está llamado a convertirse en un referente obligatorio, en una brújula teórica y, sobre todo, en un recordatorio permanente de que un pueblo que preserva sus imágenes es un pueblo dueño de su propio destino.

Vaya nuestro más sincero y cálido reconocimiento a Cesáreo Silvestre Peguero por este valioso y definitivo legado a la cultura nacional. Queda el lector invitado a recorrer estas páginas con el espíritu dispuesto al asombro, a la justicia histórica y a la memoria.

Cual Quijote cultural solitario y provinciano, sin estar en el centro mediático capitalino, Cesáreo Silvestre Peguero cumple con su aporte y su responsabilidad histórica como testigo de su tiempo. Como participante de los procesos de su existencia. A él, el mismo concepto con que iniciamos: las gracias, dichas desde el fondo del alma.



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