La historia cobra aún más significado: la hija no heredó el rango, lo construyó desde la base. Ingresó como cadete a la Policía Nacional y, tras completar su formación académica y el proceso institucional correspondiente, fue ascendiendo hasta alcanzar el grado de capitana, el mismo que ostenta su madre.
El dato no es menor. Convertirse en cadete implica asumir un riguroso proceso de preparación física, académica y disciplinaria antes de convertirse en oficial. Es el punto de partida formal en la carrera policial.
Que ambas hoy compartan el mismo rango refleja no solo un vínculo familiar, sino también trayectorias profesionales consolidadas dentro de la institución. La madre como referente; la hija como continuidad construida por mérito propio.
En una estructura donde el liderazgo se gana con años de servicio, evaluación y desempeño, esta coincidencia generacional se convierte en símbolo de vocación, perseverancia y ejemplo.
Mirador Web

No hay comentarios:
Publicar un comentario