Por Frank Sánchez de Miradorweb
San Pedro de Macorís, República Dominicana – Crónica de un secuestro frustrado
En los registros de la seguridad nacional, el 1 de septiembre de 2025 quedará marcado como el día en que un grupo delictivo intentó consumar uno de los secuestros más osados en la región Este de la República Dominicana. La víctima fue Anthony Omar Pichirilo, conocido popularmente como “Popo”, un hombre vinculado al comercio pesquero en San Pedro de Macorís.
A las 7:56 de la noche, desde el número 829-380-0411, los captores establecieron el primer contacto con Ariel Enrique William, compadre y colega de la víctima. La voz de Pichirilo, breve pero inconfundible, fue permitida al otro lado de la línea para certificar que estaba en poder de los delincuentes. La exigencia era clara y desmedida: dos millones de dólares estadounidenses a cambio de su liberación.
La presión del rescate desató una operación de inteligencia que unió a la Subdirección de la Policía Nacional con el Departamento Operativo II de Investigación Antisecuestros y Extorsiones. La pesquisa llevó hasta un paraje apartado: La Cubana II, en el sector Ramón Santana, a orillas del Macorís profundo. Allí se levantaba una vivienda de madera y zinc, pintada en amarillo y naranja, con puertas y ventanas blancas. Sus coordenadas —18.508997, -69.193070— quedaron registradas en los informes oficiales.
El 2 de septiembre, a las 8:52 de la noche, con la magistrada América Ramírez Fulgencio presente y amparados en la orden de allanamiento No. 2025-AJ0058832, las fuerzas policiales irrumpieron en la residencia. En su interior hallaron un inquietante arsenal: cuatro chalecos con las siglas DNCD, camisetas, gorras identificativas, un machete, un celular negro, guantes, una cápsula y un casquillo 9mm. Todo apuntaba a una banda con preparación y recursos.
Sin embargo, el curso de los hechos había tomado un giro minutos antes. Según el propio testimonio de Pichirilo, una pareja había irrumpido en la vivienda para cuestionar a sus captores. La tensión desembocó en un disparo contra una ventana, lo que creó el instante que la víctima necesitaba: corrió grillete en mano por la parte trasera del inmueble, hasta encontrarse con los agentes que sellaban el operativo.
El Jeep Honda CR-V gris en que se desplazaban los secuestradores figura hoy como una de las principales pistas de la investigación. Los responsables permanecen prófugos, pero la captura de Pichirilo sin rescate pagado y sin que su vida corriera más riesgo inmediato se inscribe como una victoria táctica de la Policía Nacional frente al crimen organizado.
La comunidad de San Pedro de Macorís, estremecida por la noticia, vio en este episodio no solo la vulnerabilidad de sus calles, sino también el reflejo de un aparato policial que, en esta ocasión, logró inclinar la balanza a favor de la ley.


No hay comentarios:
Publicar un comentario