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miércoles, 1 de abril de 2026

“Imprudencia mortal: calibrador le quita la vida a hombre de 66 años en Semana Santa”


Monte Plata: cuando la imprudencia se vuelve cultura y termina en muerte

La muerte de Bernardo Bartolo, un hombre de 66 años en Sabana Grande de Boyá, no es un hecho aislado. Es el resultado de una práctica que ha dejado de ser “travesura” para convertirse en una amenaza cotidiana: calibrar motocicletas en plena vía pública.

Bartolo no murió en el momento del impacto. Murió días después, en su casa, cargando las secuelas de un acto irresponsable que nunca debió ocurrir. Y ahí está la primera señal de alarma: estamos normalizando conductas que matan lentamente, pero igual de seguro.

La noticia detrás de la noticia

No se trata solo de un motorista haciendo una maniobra peligrosa. Se trata de un fenómeno social tolerado:

Jóvenes que ven el “calibreo” como espectáculo.

Calles sin control efectivo.

Autoridades que reaccionan más que previenen.

Una cultura de impunidad donde el riesgo se celebra.

El problema no empieza con el accidente. Empieza mucho antes, cuando nadie detiene al que convierte la calle en pista.

Una muerte que pudo evitarse

El caso revela algo aún más preocupante: la víctima sobrevivió al impacto inicial. Fue el deterioro progresivo —dolores, vómitos, lesiones internas— lo que terminó arrebatándole la vida.

Esto desmonta otro mito peligroso: creer que si alguien “no murió en el acto”, entonces el hecho no fue tan grave. La realidad es otra: muchos accidentes de tránsito matan en silencio, días después.

El vacío de autoridad

En municipios como Sabana Grande de Boyá, el control del tránsito parece difuso. La práctica de calibrar no es nueva, pero sí cada vez más frecuente y visible.

Y aquí la pregunta obligada:

¿Dónde está la prevención antes de que ocurra la tragedia?

No basta con lamentar ni con prometer operativos después del hecho. Cuando una comunidad dice que esto está “fuera de control”, lo que realmente está diciendo es que el Estado llegó tarde.

Más que un accidente: un síntoma

Este caso es el reflejo de algo más profundo:

Falta de educación vial.

Debilidad en la aplicación de la ley.

Normalización del desorden.

Cada vez que alguien “calibra” en una calle pública y no pasa nada, se envía un mensaje claro: aquí todo se permite… hasta que alguien muere.

Cierre Mirador Web

Bernardo Bartolo no murió solo por el impacto de una motocicleta. Murió por la suma de negligencias: la del conductor, la del sistema y la de una sociedad que ha aprendido a convivir con el peligro.

Si no se actúa ahora, su caso no será el último. Será uno más en la lista de muertes que pudieron evitarse, pero que ya forman parte de la rutina.


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